Introducción:
Desde hace un tiempo la educación
musical ha sido vista como una asignatura de menor importancia, que ocupar un
espacio secundario y prescindible en el currículum. Y que muchas veces es
utilizada para ejercitar asignaturas como Matemática o Lenguaje y Comunicación,
observando las evaluaciones estandarizadas como el SIMCE, dejando en un segundo
plano el arte, la música y otros subsectores y áreas del conocimiento,
encasillando a la Educación chilena en un sistema poco integral e inclusivo de
todas las inteligencias presentes entre los seres humanos.
Lamentablemente, docentes,
directivos y apoderados consideran que es un área simplemente recreativa y en
algunos casos, una pérdida de tiempo. Lo que nos lleva a preguntarnos, si un
factor preponderante para que la educación musical sea tan mal vista es la poca
información que se tiene sobre el tema, o la falta de preparación que se recibe
en las universidades para impartir esta clase, obligando a los profesores con
la especialidad a poder realizarlas.
El presente ensayo pretende
profundizar acerca de la importancia de la educación musical, por qué los niños
deben aprenderla, en qué áreas favorece el desarrollo integral confirmando la
importancia que tiene esta en todo sistema educacional. Además, se intenta visibilizar si
los docentes generalistas están preparados para impartir la clase, qué es lo
que se necesita y de qué manera puede ser llevado a la práctica, desde nuestro
parecer.
¿Docentes preparados para la enseñanza de la educación musical?
La música “es una facultad de la
especie humana” (Casas, 2001), por lo que desde siempre ha estado presente en
nuestras vidas, y como bien dice Murray Schafer, “nos eleva de nuestro
cautiverio vegetal” (Guerrero, 2009), por lo que al no ser considerada en las
aulas “representa una mutilación, una negación o cuando menos una distorsión de
su identidad” (Guerrero, 2009).
Los niños deben ser expuestos a
la educación artística, pues “amplía la imaginación y promueve formas de
pensamiento flexible” (Casas, 2001) logrando que mejoren los resultados de
aprendizaje en la lectura, matemáticas y en todas las asignaturas escolares,
por lo que la educación musical debe apuntar a que los estudiantes “adquieran
mayores experiencias y capacidades musicales” (Pascual, 2002), lo cual los
ayudara a desarrollar todas sus potencialidades.
En las últimas investigaciones
cognitivas, se ha descubierto que “el ser humano equilibrado hace funcionar de
manera alternada o simultánea ambos hemisferios” (Pascual, 2002), y en la
escuela lo que más se potencia es el hemisferio izquierdo, encargado de las
funciones lógico-matemáticas y lingüísticas, en desmedro del hemisferio
derecho, donde se encuentra la parte artística y creativa del ser humano.
Es aquí donde la teoría de las inteligencias
múltiples de Gardner tiene relevancia, pues plantea que existen 8 tipos de
inteligencias, entre las que se encuentra la inteligencia musical, planteando
que esta influye más que las otras en “el desarrollo emocional, espiritual y
cultural, pues la música estructura la forma de pensar y trabajar” (Pascual,
2002), y no sólo eso, pues cuando “se intensifica el trabajo musical, entra en
juego la participación del razonamiento lingüístico y lógico-matemático”
(Casas, 2001).
Por lo que la música no es sólo
una actividad recreativa, pues estimula diferentes áreas del cerebro ayudando
al aprendizaje de una forma mucho más accesible para los estudiantes. A partir
de esto es que todo profesor debe estar conciente de dicha realidad en el
proceso de enseñanza aprendizaje. Asimismo se valida entonces que esté dentro
del programa educativo de toda escuela y todo país.
Esto nos lleva a responder
nuestra gran pregunta: ¿Los docentes estamos preparados para la enseñanza de la
educación musical? Según Mills (1997) dice que la música es un ramo que puede
ser enseñado por cualquier profesor, dado que “disponen de una cantidad de
opciones en cuanto a su estilo de enseñanza” (p. 21), por lo que cada docente en
su unicidad buscará la mejor estrategia para acercar el contenido a todos sus
estudiantes, él “adoptará diversas estrategias de enseñanza en función del
estilo de aprendizaje que utilicen los alumnos” (Pascual, 2002) siendo
necesariamente el llamado a ser un facilitador y mediador del conocimiento
musical y sus alumnos.
Mills (1997) plantea que sería
ideal que los alumnos pudiesen aprender la música con su profesor habitual,
pues es quién más los conoce y al “darle a su forma de enseñar el sello de su
propia personalidad” (Guerrero, 2009), genera un clima agradable de
aprendizaje, en donde los alumnos se sienten familiarizados con el método de
enseñanza y con la persona que les enseña. Asimismo Schafer (2009) es explícito
al decir que el profesor es un simple guía, es más, nos dice que “el maestro
debe planificar su propia extinción” pues debe recrear una clase en la que los
alumnos sean activos, donde compongan, interpreten y escuchen.
Este punto consideramos que es lo
más difícil de lograr, pues en la educación tradicional, se acostumbra a que
sea una enseñanza unidireccional, donde es el profesor el que habla y son los
alumnos los que en silencio deben escuchar en una relación de constante
asimetría de poder y de participación. Es necesario que como docentes mengüemos
y que ellos crezcan en conocimiento y desarrollo de habilidades, siempre
presentes, pero que ellos sean los protagonistas de su propia historia escolar.
Conclusión:
A partir de lo expuesto, creemos
que la enseñanza de la educación musical es esencial para todos los
estudiantes, ya que se debe potenciar el desarrollo de todas las habilidades a
lo largo de los años de escolaridad, además de exponerlos a toda clase de
estímulos, guiándolos en el descubrimiento de sus diferentes capacidades e ir
potenciándolas. Muy relacionado con lo anterior, afirmamos que es necesario
proponer una nueva educación musical, centrada en el niño como un ser holístico
y desintegrable, ya que no es la música por la música, sino estudiar todos
aquellos aspectos de nuestra cultura que nos hacen seres humanos y miembros de
una comunidad cultural.
También creemos que los
profesores carecen de una preparación para la enseñanza de esta asignatura,
principalmente porque aún no se ha generado el cambio de mentalidad en el tipo
de enseñanza que se debe impartir, en
donde el profesor es un guía, quien mediante las diferentes actividades planificadas
sea capaz de generar procesos de aprendizaje y además los niños sean capaces de
construir su conocimiento en un ambiente de libertad y de autonomía, sin crear
dependencias invalidantes, pero con un apoyo constante en su formación.
Finalmente, confirmamos una de las preguntas con las que iniciamos
e introdujimos este documento, todos los docentes están preparados para enseñar
música, sin distinción de capacidades innatas en el área. Solamente debemos ser
docentes conscientes de lo que enseñamos y preparados para aprender
permanentemente y perfeccionarnos en la enseñanza de todos los campos del
conocimiento humano.
Referencias Bibliográficas
Casas, M. 2001. “¿Por qué los niños deben aprender música?”.
Colombia Médica.
Garretson, R. 1976. “La música en el plan de estudios de la
escuela moderna”. En La música en la educación infantil. Diana.
Guerrero, L. 2009. “Cómo y por qué enseñar música a los
niños pequeños. La revolución creativa propuesta por Murray Schafer”. Lima.
Mills, Janet. 1997. “Los profesores de enseñanza básica y la
música”. En La música en la enseñanza básica. Capítulo 1.
Pascual, P. 2002. “El niño, sujeto de la educación musical”.
En Didáctica de la Música. Editorial Pearson Educación. Madrid.

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