martes, 24 de septiembre de 2013

¿Docentes preparados para la enseñanza de la educación musical?

Introducción:

Desde hace un tiempo la educación musical ha sido vista como una asignatura de menor importancia, que ocupar un espacio secundario y prescindible en el currículum. Y que muchas veces es utilizada para ejercitar asignaturas como Matemática o Lenguaje y Comunicación, observando las evaluaciones estandarizadas como el SIMCE, dejando en un segundo plano el arte, la música y otros subsectores y áreas del conocimiento, encasillando a la Educación chilena en un sistema poco integral e inclusivo de todas las inteligencias presentes entre los seres humanos.

Lamentablemente, docentes, directivos y apoderados consideran que es un área simplemente recreativa y en algunos casos, una pérdida de tiempo. Lo que nos lleva a preguntarnos, si un factor preponderante para que la educación musical sea tan mal vista es la poca información que se tiene sobre el tema, o la falta de preparación que se recibe en las universidades para impartir esta clase, obligando a los profesores con la especialidad a poder realizarlas.

El presente ensayo pretende profundizar acerca de la importancia de la educación musical, por qué los niños deben aprenderla, en qué áreas favorece el desarrollo integral confirmando la importancia que tiene esta en todo sistema educacional. Además, se intenta visibilizar si los docentes generalistas están preparados para impartir la clase, qué es lo que se necesita y de qué manera puede ser llevado a la práctica, desde nuestro parecer.


¿Docentes preparados para la enseñanza de la educación musical?


La música “es una facultad de la especie humana” (Casas, 2001), por lo que desde siempre ha estado presente en nuestras vidas, y como bien dice Murray Schafer, “nos eleva de nuestro cautiverio vegetal” (Guerrero, 2009), por lo que al no ser considerada en las aulas “representa una mutilación, una negación o cuando menos una distorsión de su identidad” (Guerrero, 2009).

Los niños deben ser expuestos a la educación artística, pues “amplía la imaginación y promueve formas de pensamiento flexible” (Casas, 2001) logrando que mejoren los resultados de aprendizaje en la lectura, matemáticas y en todas las asignaturas escolares, por lo que la educación musical debe apuntar a que los estudiantes “adquieran mayores experiencias y capacidades musicales” (Pascual, 2002), lo cual los ayudara a desarrollar todas sus potencialidades.

En las últimas investigaciones cognitivas, se ha descubierto que “el ser humano equilibrado hace funcionar de manera alternada o simultánea ambos hemisferios” (Pascual, 2002), y en la escuela lo que más se potencia es el hemisferio izquierdo, encargado de las funciones lógico-matemáticas y lingüísticas, en desmedro del hemisferio derecho, donde se encuentra la parte artística y creativa del ser humano.

Es aquí donde la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner tiene relevancia, pues plantea que existen 8 tipos de inteligencias, entre las que se encuentra la inteligencia musical, planteando que esta influye más que las otras en “el desarrollo emocional, espiritual y cultural, pues la música estructura la forma de pensar y trabajar” (Pascual, 2002), y no sólo eso, pues cuando “se intensifica el trabajo musical, entra en juego la participación del razonamiento lingüístico y lógico-matemático” (Casas, 2001).

Por lo que la música no es sólo una actividad recreativa, pues estimula diferentes áreas del cerebro ayudando al aprendizaje de una forma mucho más accesible para los estudiantes. A partir de esto es que todo profesor debe estar conciente de dicha realidad en el proceso de enseñanza aprendizaje. Asimismo se valida entonces que esté dentro del programa educativo de toda escuela y todo país.

Esto nos lleva a responder nuestra gran pregunta: ¿Los docentes estamos preparados para la enseñanza de la educación musical? Según Mills (1997) dice que la música es un ramo que puede ser enseñado por cualquier profesor, dado que “disponen de una cantidad de opciones en cuanto a su estilo de enseñanza” (p. 21), por lo que cada docente en su unicidad buscará la mejor estrategia para acercar el contenido a todos sus estudiantes, él “adoptará diversas estrategias de enseñanza en función del estilo de aprendizaje que utilicen los alumnos” (Pascual, 2002) siendo necesariamente el llamado a ser un facilitador y mediador del conocimiento musical y sus alumnos.

Mills (1997) plantea que sería ideal que los alumnos pudiesen aprender la música con su profesor habitual, pues es quién más los conoce y al “darle a su forma de enseñar el sello de su propia personalidad” (Guerrero, 2009), genera un clima agradable de aprendizaje, en donde los alumnos se sienten familiarizados con el método de enseñanza y con la persona que les enseña. Asimismo Schafer (2009) es explícito al decir que el profesor es un simple guía, es más, nos dice que “el maestro debe planificar su propia extinción” pues debe recrear una clase en la que los alumnos sean activos, donde compongan, interpreten y escuchen.

Este punto consideramos que es lo más difícil de lograr, pues en la educación tradicional, se acostumbra a que sea una enseñanza unidireccional, donde es el profesor el que habla y son los alumnos los que en silencio deben escuchar en una relación de constante asimetría de poder y de participación. Es necesario que como docentes mengüemos y que ellos crezcan en conocimiento y desarrollo de habilidades, siempre presentes, pero que ellos sean los protagonistas de su propia historia escolar.

Conclusión:


A partir de lo expuesto, creemos que la enseñanza de la educación musical es esencial para todos los estudiantes, ya que se debe potenciar el desarrollo de todas las habilidades a lo largo de los años de escolaridad, además de exponerlos a toda clase de estímulos, guiándolos en el descubrimiento de sus diferentes capacidades e ir potenciándolas. Muy relacionado con lo anterior, afirmamos que es necesario proponer una nueva educación musical, centrada en el niño como un ser holístico y desintegrable, ya que no es la música por la música, sino estudiar todos aquellos aspectos de nuestra cultura que nos hacen seres humanos y miembros de una comunidad cultural.

También creemos que los profesores carecen de una preparación para la enseñanza de esta asignatura, principalmente porque aún no se ha generado el cambio de mentalidad en el tipo de enseñanza que se debe impartir,  en donde el profesor es un guía, quien mediante las diferentes actividades planificadas sea capaz de generar procesos de aprendizaje y además los niños sean capaces de construir su conocimiento en un ambiente de libertad y de autonomía, sin crear dependencias invalidantes, pero con un apoyo constante en su formación.

           Finalmente, confirmamos una de las preguntas con las que iniciamos e introdujimos este documento, todos los docentes están preparados para enseñar música, sin distinción de capacidades innatas en el área. Solamente debemos ser docentes conscientes de lo que enseñamos y preparados para aprender permanentemente y perfeccionarnos en la enseñanza de todos los campos del conocimiento humano.

Referencias Bibliográficas

Casas, M. 2001. “¿Por qué los niños deben aprender música?”. Colombia Médica.

Garretson, R. 1976. “La música en el plan de estudios de la escuela moderna”. En La música en la educación infantil. Diana.

Guerrero, L. 2009. “Cómo y por qué enseñar música a los niños pequeños. La revolución creativa propuesta por Murray Schafer”. Lima.

Mills, Janet. 1997. “Los profesores de enseñanza básica y la música”. En La música en la enseñanza básica. Capítulo 1.

Pascual, P. 2002. “El niño, sujeto de la educación musical”. En Didáctica de la Música. Editorial Pearson Educación. Madrid.


No hay comentarios:

Publicar un comentario